9na entrega del Dossier sobre la pandemia, de la Redbioética UNESCO.
Por Gabriela Sibaja Fernández y Freddy Arias Mora
En marzo de 2020, se detectó el primer caso por COVID-19 en Costa Rica. Desde ese momento,
se activaron los protocolos que meses atrás se habían planificado, teniendo en cuenta la inminente
llegada al país del virus SARS-CoV-2. La activación del Centro de Operaciones de Emergencias (COE)
fue clave en la toma de decisiones, ya que poseía un enfoque técnico, científico, económico y
sanitario. 1
Pasados unos días, el 16 de marzo del 2020, el Gobierno declaró estado de emergencia
nacional, mediante un decreto ejecutivo.2
Lo anterior debido al estado de necesidad y urgencia
ocasionado por el COVID-19, dada su magnitud como pandemia y sus consecuencias en el territorio
nacional. Ante la situación de emergencia, se activó el plan de expansión de la capacidad hospitalaria
en todo el territorio nacional, para así garantizar la atención sanitaria inmediata.
Internacionalmente, el país recibió reconocimiento, gracias al exitoso manejo de las personas
enfermas al inicio de la pandemia. Costa Rica registró la tasa de letalidad más baja de la región, lo
cual ocasionó que medios internacionales resaltaran la importancia del sistema de salud del país, el
cual cuenta con una cobertura de, aproximadamente, el 95 % de la población. El robusto sistema de
salud contribuye a que la esperanza de vida en el país llegue a 79,6 años y se ubique entre las más
altas del mundo, tal y como lo ha indicado la Organización Mundial de la Salud (OMS).3 Asimismo,
cabe señalar que Costa Rica cuenta con cerca de una treintena de hospitales y clínicas a nivel regional
y más de mil Equipos Básicos de Atención Integral en Salud (EBAIS) a nivel de las comunidades.
Aunado a ello, en el contexto de la pandemia producida por el virus SARS-CoV-2, se logró organizar
un centro especializado para personas infectadas; en pocas semanas, este centro contaba con los
equipos e insumos necesarios.
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